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domingo, 11 de julho de 2010

  • TE DESEO
Te deseo primero que ames y que amando, también seas amado(a).

Y que, de no ser así, seas breve en olvidar y que después de olvidar, no guardes rencores. Deseo, pues, que no sea así, pero que si es, sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos, y que, incluso malos e inconsecuentes, sean valientes y fieles, y que por lo menos haya uno en quien puedas confiar sin dudar. Y porque la vida es así, te deseo también que tengas enemigos. Ni muchos ni pocos, en la medida exacta, para que, algunas veces, te cuestiones tus propias certezas. Y que entre ellos, haya por lo menos uno que sea justo, para que no te sientas demasiado seguro.

Te deseo además que seas útil, más no insustituible. Y que en los momentos malos, cuando no quede más nada, esa utilidad sea suficiente para mantenerte en pie. Igualmente, te deseo que seas tolerante; no con los que se equivocan poco, porque eso es fácil, sino con los que se equivocan mucho e irremediablemente, y que haciendo buen uso de esa tolerancia, sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no madures demasiado de prisa, y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer, y que siendo viejo no te dediques al desespero. Porque cada edad tiene su placer y su dolor y es necesario dejar que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste. No todo el año, sino apenas un día. Pero que en ese día descubras que la risa diaria es buena, que la risa habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras, con urgencia máxima, por encima y a pesar de todo, que existen, y que te rodean, seres oprimidos, tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, te sentirás bien por nada. Deseo también que plantes una semilla, por más minúscula que sea, y la acompañes en su crecimiento, para que descubras de cuántas vidas está hecha un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero, porque es necesario ser práctico. Y que por lo menos una vez por año pongas algo de ese dinero enfrente a ti y digas: "Esto es mío", sólo para que quede claro quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno de tus afectos muera, pero que si muere alguno, puedas llorar sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre, tengas una buena mujer, y que siendo mujer, tengas un buen hombre, mañana y al día siguiente, y que cuando estén exhaustos y sonrientes, aún sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar, no tengo más nada que desearte.
---- Victor Hugo

Imagen: Signo de la tierra – Milo Manara

quinta-feira, 8 de julho de 2010

  • EL HOMBRE Y LA MUJER

El hombre es la más elevada de las criaturas;
la mujer es el más sublime de los ideales.

Dios hizo para el hombre un trono,
para la mujer un altar.
El trono exalta;
el altar santifica.

El hombre es el cerebro,
la mujer el corazón,
el cerebro fabrica la luz;
el corazón produce el amor.
La luz fecunda, el amor resucita.

El hombre es fuerte por la razón;
la mujer invensible por las lágrimas.
La razón convence;
las lágrimas conmueven.

El hombre es capaz de todos los heroísmos;
la mujer de todos los martirios.
El heroísmo ennoblece;
el martirio sublimiza.

El hombre tiene la supremacía;
la mujer la preferencia.
La supremacía significa la fuerza;
la preferencia representa el derecho.

El hombre es un genio;
la mujer es un ángel.
El genio es inmensurable;
el ángel indefinible.

La aspiración del hombre es la suprema gloria,
la aspiración de la mujer es la virtud extrema.
La gloria hace todo lo grande;
la virtud hace todo lo divino.

El hombre es un código;
la mujer un evangelio.
El código corrige,
el evangelio perfecciona.

El hombre piensa;
la mujer sueña.
Pensar es tener en el cráneo una larva;
soñar es tener en la frente una aureola.

El hombre es un océano; la mujer es un lago.
El acéano tiene la perla que adorna;
el lago la poesía que deslumbra.

El hombre es el águila que vuela;
la mujer es el ruiseñor qu canta.
Volar es dominar el espacio,
cantar es conquistar el alma.

El hombre es un templo;
la mujer es el sagrario.
Ante el templo nos descubrimos;
ante el sagrario nos arrodillamos.

En fin:
El hombre está colocado donde termina la tierra;
la mujer donde comienza el cielo.
-------- Victor Hugo

Imagen: Sappho and Alcaeus

sexta-feira, 26 de fevereiro de 2010

  • OS (VERDADEIROS) MISERÁVEIS

          Num Mundo de maldade consciente e militante das instituições e dos que as corporizam, de indiferença carnívora dos bem-aventurados pelo sistema vigente de distribuição dos bens, como é possível nos admirarmos com o facto de pessoas boas se tornarem predadoras do outro em vez de construtoras do Mundo? Num mundo de miseráveis, Les Miserables, de Victor Hugo, é uma lição impossível, hoje por hoje, homo aeconomicus por homo aeconomicus, mão que lava a mão, até a limpeza total de todo o bem da sociedade. Dir-me-ão que «as coisas são como são», e que «as pessoas colhem o que semeiam», que tudo é acção e consequência. Em parte o Mundo é construído assim, assentirei.
.         Mas e quando não existe acção e existe consequência, injusta, construída pelo mal que não verga a consciência e transforma a mentira em realidade, infortunados em incapazes? A verdade, a final, acaba por ser a mais dolorosa de todas: o mal triunfa sobre o bem, como tem sido regra desde que Caim matou Abel e a Lei da Talião entrou na alma humana como a consciência da nudez em Adão e Eva. Mas o dia virá em que não será assim, o dia virá em que o mal terá a sua recompensa: boa medida, recalcada, sacudida e transbordante de bem-fazer o que couber na sua natureza. Um dia, a consciência do bem se fartará — e que fará? Pergunta retórica? Talvez.
          Jean Valjean não mudou o mundo, mas o Mundo mudou-o, desumanizou-o e renomeou-o: 24.601. O Mundo não tem alma, mas Javert tinha — a final e afinal Javert tinha alma. Esse, pois a alma dos Javerts de hoje compram-se e vendem-se nos pelourinhos de coisas e de afectos; o mercado dos futuros dos senhores das instituições. Tudo, até o sagrado sentido do bem, tem um preço, mesquinho, demasiado mesquinho; todos têm o seu preço, igualmente mesquinho: encontra o que o outro precisa e terás o seu preço. Ah, Albino Forjaz de Sampaio! Não é cinismo, não; é a verdade quase nua e crua. A nudez, como tudo, tem a sua ocasião. Só quem nada precisa, só quem está disposto a prescindir de tudo é que não tem preço. O que é igualmente verdade. Já não há Javerts, de verdade. Mas quem não precisa de nada é um outsider deste mundo, e, cedo ou tarde, será crucificado, de uma maneira ou de outra. Deveria haver um rio puro, e almas igualmente puras nas convicções.
         Os verdadeiros miseráveis são os sem alma, os que, por mera fortuna ou preço de alma, comandam o Mundo. Condicionam mundo dos outros, os miseráveis? «Quem tem muito dentro de si pouco ou nada precisa do exterior» — dizia Goethe. E os maiores terramotos nascem de uma maldade, ou de um pensamento resolutivo. Tudo porque há miseráveis por aí, verdadeiros miseráveis de Fortuna cheia e consciência vazia. Dores de Libera, ambição de Pecunia. Les miserables, os outros, tinham as suas razões e, já bem dizia Burlamaqui, «a razão aprova, necessariamente, tudo aquilo que nos conduz à felicidade verdadeira». A felicidade radical — diz-me o meu poeta.