Mostrar mensagens com a etiqueta cartas. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta cartas. Mostrar todas as mensagens

segunda-feira, 31 de maio de 2010


6 de agosto de 1936
He tenido una idea maravillosa, me voy a España, a la revolución española. Allá en Cuba se dice, por el canto popular jubiloso: "no te mueras sin ir antes a España". Y yo me voy a España ahora, a la revolución española, en donde palpitan hoy las angustias del mundo entero de los oprimidos. La idea hizo explosión en mi cerebro, y desde entonces está incendiado el gran bosque de mi imaginación.
------ Pablo de la Torrente de Brau

domingo, 4 de abril de 2010


FRIEDRICH HÖLDERLIN (1)
DOS CARTAS A HEGEL
I
Waltershausen bei Meiningen,
10 de julio de 1794.


       Querido hermano:
       Estoy seguro de que te has acordado a veces de mí, desde que nos separamos con la consigna «Reino de Dios». Por muchas metamorfosis que pasemos, creo que siempre nos reconoceremos en este lema. Estoy seguro que, de cualquier manera que te vaya, el tiempo nunca podrá borrar en ti ese rasgo. También conmigo creo que pasará lo mismo. Y es que ese rasgo es lo que más amamos el uno en el otro. Por eso estamos seguros de que nuestra amistad durará eternamente. Por lo demás, te echo mucho de menos. Tú has sido tantas veces mi genio tutelar... ¡Cuánto te debo! Y hasta que nos hemos separado no lo había sentido del todo. Me gustaría poder aprender aún algo de ti, también a veces comunicarte algo de lo mío.
       Escribirse cartas no pasa nunca de ser un sucedáneo; pero siempre es algo. Por eso no debíamos de-jarlo del todo. Tenemos que recordarnos de vez en cuando qué derechos tan grandes poseemos recípro-camente el uno sobre el otro.
       Me parece que en cierto modo encontrarás tu mundo bastante congruente contigo. Pero no tengo por qué envidiarte. Igual de buena me parece mi situación. Tú estás más en claro contigo mismo que yo. A ti te gusta estar un poco rodeado de ruido; yo necesito silencio. Tampoco carezco de alegría. A ti nunca te falta.
       A veces me gustaría hallarme rodeado de tus lagos y tus Alpes. La gran naturaleza nos ennoblece y acera irresistiblemente. En cambio, vivo en el ámbito de un espíritu singular, excepcional por su enverga-dura, y profundidad, y finura, y donaire. Difícil te será hallar en Berna una mujer como la señora von Kalb. ¡Qué bien te sentirías dejándote asolear por este claro rayo! Si no fuese por nuestra buena amistad, tendrías que estar un poco resentido por haberme cedido tu buena estrella. También ella, ante mi ciega dicha en todo lo que le cuento de ti, tiene que pensar casi que ha salido perdiendo. Muchísimas veces me ha advertido que tengo que escribirte. Y ahora de nuevo.
       [...]
       No dejes de escribirme largo y tendido lo que ahora piensas y haces, querido hermano.
       Mi tarea se halla ahora bastante concentrada. Kant y los griegos son casi mi única lectura. Sobre todo trato de asimilar la parte estética de la filosofía crítica. Hace poco realicé una pequeña excursión a la región de Fulda, pasando por los montes del Rhön. Uno cree hallarse en los montes suizos entre esas colosales alturas y los fértiles, encantadores valles sembrados de casitas dispersas al pie de los montes, a la sombra de los abetos, entre rebaños y arroyos. Fulda misma tiene una situación encantadora. Los montañeses son como en todas partes, un puco rudos y simples. Por lo demás, pudieran tener alguna buena cualidad que nuestra cultura ha destruido.
       No dejes de escribirme pronto, querido Hegel. Me es completamente imposible estar privado de tus noticias.
Tu Hölderlin


_______________________


II (ii)
Jena,
26 de enero de 1795.

       Tu carta me ha deparado una alegre bienvenida al volver a Jena. A fina¬les de diciembre partí para Weimar con la señora del comandante von Kalb y mi pupilo, que había estado aquí solo conmigo dos meses. Ni yo mismo sospechaba que iba a volver tan pronto. Las calamidades que pasé como educador debido a mis especiales circunstancias subjetivas, y la para su nueva revista, Las Horas, así como en su proyectado Almanaque de las Musas.
       He hablado con Goethe. ¡Hermano! Es el más bello placer de nuestra vida encontrar tanta humanidad en tanta grandeza. Estuvo hablando con¬migo tan afable y amistoso, que te aseguro que el corazón me reía y aún me ríe cuando lo recuerdo. Herder estuvo también cordial, me tomó de la mano; pero mostraba ya más el hombre de mundo, habló a menudo muy alegórica¬mente, como ya sabes que es. Le pienso visitar alguna vez. El mayor von Kalb seguramente se quedará con su familia en Weimar (por lo tanto, su hijo ya no me necesitaba y la despedida pudo anticiparse), y la amistad que tengo, sobre todo, con la señora del comandante, me abre las puertas para visitar la casa con cierta frecuencia.
       Los apuntes especulativos de Fichte —"Fundamentos Generales de la Doctrina de la Ciencia"—, así como sus "Clases Sobre la Condición del Sabio" (ya impresos), te interesarán mucho. En un comienzo sospeché mucho que era un dogmático. Si se me permite una conjetura, parece haber estado realmente al borde de ello o estarlo aún: su aspiración es ir en la teoría más allá del hecho de la conciencia. Así necesidad de vivir por lo menos algún tiempo para mí mismo —que mi estancia aquí no ha hecho más que aumentar— me hizo exponer a la señora del comandante, aún antes de salir de Jena, mi deseo de dejar mi ocupación en su casa. Y aunque me dejé convencer por ella y por Schiller de hacer un nuevo intento, no pude aguantar la broma más de dos semanas, pues, entre otras cosas, estaba casi completamente insomne; así que me volví lleno de paz a Jena, disfrutando por primera vez en mi vida de una independencia que espero no será infructuosa.
        Mi actividad productiva se concentra casi exclusivamente en la elaborarán de los materiales de mi novela [Hyperion]. El fragmento publicado en la [revista Nueva] Thalia es todavía una masa bruta. Pienso que acabaré la novela por Pascua; permíteme que hasta entonces no te hable más del tema. El “Genio de la audacia”, del que quizá te acuerdes todavía, lo he entregado reelaborado a la Thalia junto con algunas otras poesías. Schiller se interesa mucho por mí y me ha animado a que le escriba algo lo muestran muchísimas de sus expresiones, y esto es trascen¬dente tan cierta e incluso más llamativamente que la aspiración de los meta¬físicos tradicionales a ir más allá de la existencia del mundo. Su Yo absoluto (= Sustancia de Spinoza) encierra toda la realidad. Es todo y fuera de él no hay nada. Por tanto, este Yo absoluto no tiene objeto; de otro modo, no encerraría toda la realidad. Pero una conciencia sin objeto es impensable; incluso si yo mismo soy ese objeto, en cuanto tal me hallo necesariamente limitado, aunque sea en el tiempo; por tanto, no soy absoluto. De modo que una conciencia es impensable en el Yo absoluto, como Yo absoluto no tengo conciencia, y, en tanto en cuanto no tengo conciencia, soy nada (para mí) y el Yo absoluto es (para mí) Nada.
       Así puse por escrito mis pensamientos aun en Waltershausen, cuando leí sus primeras páginas, inmediatamente después de haber leído a Spinoza. Fichte me confirma (iii) [...] la posición (en su lenguaje) del Yo y el No-Yo es ciertamente curiosa. También la idea de aspiración, etc.
       Tengo que acabar pidiéndote que tomes todo esto como si no lo hubiese escrito. Eso de que te estás ocupando de los conceptos religiosos es ciertamente bueno e importante en un sentido. El concepto de Providencia lo tratarás, supongo, en completo paralelo con la teleología kantiana. El modo que tiene Kant de unir el mecanismo de la naturaleza (o sea, también del destino) y su finalidad me parece encerrar propiamente todo el espíritu de su sistema. Ciertamente es el mismo modo que tiene de resolver todas las antinomias. En esto de las antinomias Fichte tiene una idea muy curiosa, sobre 1a que mejor te escribiré otro día. Estoy dándole vueltas hace tiempo al ideal de una educación del pueblo. Y como tú te ocupas precisamente de una parte de ella, la religión, tal vez eligiendo tu imagen y tu amistad como guía de mis ideas acerca del mundo exterior sensible, pueda escribirte enseguida por carta lo que acaso tardaría más en escribir [para mí]. Espero tu juicio y tus correcciones. (iv)

------- Imagen: Leonardo da Vinci
_________
Notas:
(i) Las cartas han sido escaneadas de la edición G.W.F. Hegel, Escritos de Juventud, México, Fondo de Cultura Económica, 1998, pp. 49-50 y 56-58.
(ii) Probablemente se han perdido dos cartas de Hegel a Hölderlin y una de Hölderlin a Hegel anteriores a esta carta.
(iii) En el manuscrito faltan cinco líneas.
(iv) Falta el resto de la carta.

quinta-feira, 25 de março de 2010

| THE EPISTLE OF PONTIUS PILATE
(wrote to the roman Emperor Tiberius Caesar concerning our Lord Jesus Christ)

       Pontius Pilate to Tiberius Caesar the Emperor, Greetings:
       Upon Jesus Christ, whom I fully made known to thee in my last, a bitter punishment hath at length been inflicted by the will of the people although I was unwilling and apprehensive. In good truth, no age ever had or will have a man so good and strict. But the people made a wonderful effort, and all their scribes, chiefs and elders agreed to crucify this ambassador of truth, their own prophets, like the Sibyls with us, advising the contrary; and when he was hanged supernatural signs appeared, and in the judgment of philosophers menaced the whole world with ruin.
       His disciples flourish, not belying their master by their behavior and continence of life; nay, in his name they are most beneficent. Had I not feared a sedition might arise among the people, who were almost furious, perhaps this man would have yet been living with us. Although, being rather compelled by fidelity to thy dignity, than led by my own inclination, I did not strive with all my might to prevent the sale and suffering of righteous blood, guiltless of every accusation, unjustly, indeed, through the maliciouness of men, and yet, as the Scriptures interpret, to their own destruction.
       Farewell. The 5th of the Calends of April.

Image: Bamberg, Kaiserdom St. Peter und St. Georg, Fresko Christus vor Pontius Pilatus

sexta-feira, 16 de outubro de 2009

  • CHANT DU VIEUX MOSELLIEN (1957)

    Maintenant, on intègre l’humanité
    On canalise la Moselle
    Le sacrement reste détourné
    Le calice demeure toujours soustrait au laïc.
    Le Bon Dieu demeure caché
    Le monde entier devient melting pot
    L’automate devient global
    Au laïc on offre du véronal.

    Pour Alexandre Kojève, en souvenir de la discussion autour d’un verre de vin palatinois à Düsseldorf.
    Carl Schmitt
  • in Alexandre Kojève – Carl Schmitt Correspondence
Imagem: Last winter, Konstantin Kalynovych

sábado, 12 de setembro de 2009

  • CARTAS DE AMOR DE EÇA DE QUEIRÓS
Segunda Carta a Clara

Meu amor.
Ainda há poucos instantes (dez instantes, dez minutos, que tanto gastei num desolador desde a nossa Torre de Marfim), eu sentia o rumor do teu coração junto ao meu, sem que nada os separasse senão uma pouca de argila mortal, em ti tão bela, em mim tão rude – e já estou tentando reconfigura ansiosamente, por meio deste papel inerte, esse inefável estar contigo que é hoje todo o fim da minha vida, a minha suprema e única vida. É que , longe da tua presença, cesso de viver, as coisas para mim cessam de ser – e fico como um morto jazendo no meio de um mundo morto, Apenas, pois, me finda esse perfeito e curto momento de vida que me dás, só com pousar junto de mim e murmurar o meu nome – recomeço a aspirar desesperadamente para ti, como uma ressurreição!

Antes de te amar, antes de receber das mãos de meu deus a minha Eva – que era eu, na verdade? Uma sombra flutuando entre sombras. Mas tu vieste, doce adorada, para me fazer sentir a minha realidade, e me permitir que eu bradasse também triunfalmente o meu – “Amo, logo existo!” E não foi só a minha realidade que me desvendaste – mas ainda a realidade de todo este universo, que me envolvia como um ininteligível e cinzento montão de aparências. Quando há dias, no terraço de Savran, ao anoitecer, te queixavas que eu contemplasse as estrelas estando tão perto dos teus olhos, e espreitasse o adormecer das colinas junto ao calor dos teus ombros – não sabias, nem eu te soube então explicar, que essa contemplação era ainda um modo novo de te adorar, porque realmente estava admirando, nas coisas, a beleza inesperada que tu sobre elas derramas por uma emanação que te é própria, e que antes de viver ao teu lado, nunca eu lhes percebera, como se não percebe a vermelhidão das rosas ou o verde tenro das relvas antes de nascer o Sol! Foste tu, minha bem-amada, que alumiaste o mundo. No teu amor recebi a minha iniciação. Agora entendo, agora sei. E, como o antigo iniciado, posso afirmar: “Também fui a Elêusis; pela larga estrada pendurei muita flor que não era verdadeira, diante de muito altar que não era divino; mas a Elêusis cheguei, em Elêusis penetrei – e vi e senti a verdade!...”

E acresce ainda, para meu martírio e glória, que tu és tão suntuosamente bela e tão etereamente bela, de uma beleza feita de Céu e de Terra, beleza completa e só tua, que eu já concebera – que nunca julgara realizável. Quantas vezes, ante aquela sempre admirada e toda perfeita Vênus de Milo, pensei que, se debaixo da sua testa de Deusa, pudessem tumultuar os cuidados humanos; se os seus olhos soberanos e mudos se soubessem toldar de lágrimas; se os seus lábios, só talhados para o mel e para os beijos, consentissem em tremer no murmúrio de uma prece submissa; se sob esses seios, que foram o apetite sublime dos Deuses e Heróis, um dia palpitasse o amor e com ele a Bondade; se o seu mármore sofresse, e pelo sofrimento se espiritualizasse, juntando ao esplendor da Harmonia a graça da Fragilidade; se ela fosse do nosso tempo e sentisse os nossos males, e permanecendo Deusa do Prazer se tornasse Senhora da Dor – então não estaria colocada num museu, mas consagrada num santuário, porque os homens, ao reconhecer nela a aliança sempre almejada e sempre frustrada do Real e do Ideal, decerto a teriam aclamado in aeternum, como a definitiva Divindade. Mas quê! A pobre Vênus só oferecia a serena magnificência da carne. De todo lhe faltava a chama que arde na lama e a consome. E a criatura incomparável do meu cismar, a Vênus Espiritual, Citeréia e Dolorosa, não existia, nunca existiria!... E quando eu assim pensava, eis que tu surges, e eu te compreendo! Eras a encarnação do meu sonho, ou antes de um sonho que deve ser universal – mas só eu te descobri, ou, tão feliz fui, que só por mim quiseste ser descoberta!

Vê, pois, se jamais te deixarei escapar dos meus braços! Por isso mesmo és a minha Divindade – para sempre e irremediavelmente estás presa dentro da minha adoração. Os sacerdotes de Cartago acorrentavam às lajes dos Templos, com cadeias de bronze, as imagens de seus Baals. Assim te quero também, acorrentada dentro do templo Avaro que te construí, só Divindade minha, sempre no eu altar – e eu sempre diante dele rojado, recebendo constantemente na alma a tua visitação, abismando-me sem cessar na tua essência, de modo que nem por um momento se descontinue essa fusão inefável, que é para ti um ato de Misericórdia e para mim de Salvação. O que eu desejaria na verdade é que fosses invisível para todos e como não existente – que perpetuamente um estofo informe escondesse o teu corpo, uma rígida mudez ocultasse a tua inteligência. Assim passarias no mundo como uma aparência incompreendida. E só para mim, de dentro do invólucro escuro, se revelaria a tua perfeição rutilante. Vê quanto te amo – que e queria entrouxada num rude, vago vestido de merino, com um ar quedo, inanimado... Perderia assim o triunfal contentamento de ver resplandecer entre a multidão maravilhada aquela que em segredo nos ama. Todos murmurariam compassivamente: “Pobre criatura!” E só eu saberia, da “pobre criatura”, o corpo e a alma adoráveis!

Quanto adoráveis! Nem compreendo que, tendo consciência do teu encanto, não estejas de ti namorada como aquele Narciso que reme de frio, coberto de musgo, à beira da fonte, em Savran. Mas eu largamente te amo, e por mim e por ti! A tua beleza, na verdade, atinge a altura de uma virtude – e foram decerto os modos tão puros da tua alma que fixaram as linhas tão formosas do teu corpo. Por isso há em mim um incessante desespero de não e saber amar condignamente – ou antes (pois desceste de um Céu superior) de não saber tratar, como ela merece, a hóspede divina do meu coração. Desejaria, por vezes, envolver-te toda numa felicidade imaterial, seráfica, calma infinitamente como deve ser a Bem-Aventurança – e assim deslizarmos enlaçados através do silêncio e da luz, muito brandamente, num sonho cheio de certeza, saindo da vida à mesma hora e indo continuar no Além o mesmo sonho extático. E outras vezes desejaria arrebatar-te numa felicidade veemente, tumultuosa, fulgurante, toda de chama, de tal sorte que nela nos destruíssemos sublimemente, e de nós só restasse uma pouca de cinza sem memória e sem nome! Possuo uma velha gravura que é um Satanás, ainda em toda a refulgência da beleza arcangélica, arrastando nos braços para o Abismo uma freira, uma Santa, cujos derradeiros véus de penitência se vão esgaçando pelas pontas das rochas negras. E na face da santa, através do horror, brilha, irreprimida e mais forte que o horror, uma tal alegria e paixão, tão intensas – que eu as apeteceria para ti, oh minha santa roubada! Mas de nenhum destes modos te sei amar, tão fraco ou inábil é o meu coração, de modo que por o meu amor não ser perfeito, tenho de me contentar que seja eterno.
.
Tu sorris tristemente desta Eternidade. Ainda ontem me perguntavas: “No calendário do seu coração, quantos dias dura a Eternidade? “ Mas considera que eu era um morto – e que tu me ressuscitaste. O sangue novo que me circula nas veias, o espírito novo que em mim sente e compreende, são o meu amor por ti – e se ele me fugisse, eu teria outra vez, regelado e mudo, de reentrar no meu sepulcro. Só posso deixar de te amar – quando deixar de ser. E a vida contigo, e por ti, é tão inexprimivelmente bela! É a vida de um deus. Melhor talvez: - se eu fosse esse pagão que tu afirmas que sou, mas um pagão do Lácio, pastor de gados, crente ainda em Júpiter e Apolo, a cada instante temeria que um desses deuses invejosos te raptasse, te elevasse ao Olimpo para completar a sua ventura divina. Assim não receio – toda minha te sei para todo o sempre, olho o mundo em torno de nós como um paraíso para nós criado, e durmo seguro sobre o teu peito na plenitude da glória, oh minha três vezes bendita, Rainha da minha graça.

Não penses que estou compondo cânticos em teu louvor. É em plena simplicidade que deixo escapar o que me está borbulhando na alma... Ao contrário! Toda a Poesia de todas as idades, na sua gracilidade ou na sua majestade, seria impotente para exprimir o meu êxtase. Balbucio, como posso, a minha infinita oração. E nesta desoladora insuficiência do verbo humano, é como o mais inculto e o mais iletrado que ajoelho ante ti, e levanto as mãos, e te asseguro a única verdade, melhor que todas as verdades – que te amo, e te amo, e te amo, e te amo!...
Fradique

in Eça de Queirós, Cartas D'Amor - O Efêmero Feminino, Garamond, Rio de Janeiro, 2001

Imagem: Vitamine, Jean-Louis Grig


sexta-feira, 21 de agosto de 2009

Cartas D'Amor de Eça de Queirós
.
  • PRIMEIRA CARTA A CLARA
Não, não foi na Exposição dos Aguarelistas, em Março, que eu tive consigo o meu primeiro encontro, por mandado dos Fados. Foi no inverno, minha adorada amiga, no baile dos Tressans. Foi aí que a vi, conversando com Madame de Jouarre, diante de um console, cujas luzes, entre os molhos de orquídeas, punham nos seus cabelos aquele nimbo de ouro que tão justamente lhe pertence como “rainha de graça entre as mulheres”. Lembro ainda, bem religiosamente, o seu sorrir cansado, o vestido preto com relevos cor de botão de ouro, o leque antigo que tinha fechado no regaço; mas logo tudo em redor me pareceu irreparavelmente enfadonho e feio; e voltei a readmirar, a meditar em silêncio a sua beleza, que me prendia pelo esplendor patente e compreensível, e ainda por não sei quê de fino, de espiritual, de dolente e de meigo que brilhava através e vinha da alma. E tão intensamente me embebi nessa contemplação, que levei comigo a sua imagem, decorada e inteira, sem esquecer um fio dos seus cabelos ou uma ondulação da seda que a cobria, e corri a encerrar-me com ela, alvoroçado, como um artista que nalgum escuro armazém, entre poeira e cacos, descobrisse a obra sublime de um mestre perfeito.

E, por que o não confessarei? Essa imagem foi para mim, ao princípio, meramente um quadro, pendurado no fundo da minha alma, que eu a cada doce momento olhava – mas para lhe louvar apenas, com crescente surpresa, os encantos diversos de linha e de cor. Era somente uma rara tela, posta em sacrário, imóvel e muda no seu brilho, sem outra influência mais sobre mim que a de uma forma muito bela que cativa um gosto muito educado. O meu ser continuava livre, atento às curiosidades que até aí o seduziam, aberto aos sentimentos que até aí o solicitavam; - e só quando sentia a fadiga das coisas imperfeitas ou o desejo novo de uma ocupação mais pura, regressava à imagem que em mim guardava, como um Fra Angélico, no seu claustro, pousando os pincéis ao fim do dia, e ajoelhando ante a Madona a implorar dela repouso e inspiração superior.

Pouco a pouco, porém, tudo o que não foi esta contemplação, perdeu para mim o valor e encanto. Comecei a viver cada dia mais retirado no fundo da minha alma, perdido na admiração da imagem que lá rebrilhava - até que só essa ocupação me pareceu digna da vida, no mundo todo não reconheci mais que uma aparência inconstante, e fui como um monge na sua cela, alheio às coisas mais reais, de joelhos e hirto no seu sonho, que é para ele a única realidade.

Mas não era, minha adorada amiga, um pálido e passivo êxtase diante da sua imagem. Não! Era antes um ansioso e forte estudo dela, com que eu procurava conhecer através da forma e essência, e (pois a Beleza é o esplendor da Verdade) deduzir das perfeições do seu Corpo as superioridades da sua Alma. E foi assim que lentamente surpreendi o segredo da sua natureza; a sua clara testa que o cabelo descobre, tão clara e lisa, logo me contou a retidão do seu pensar: o seu sorriso, de uma nobreza tão intelectual, facilmente me revelou o seu desdém do mundanal e do efêmero, a sua incansável aspiração para um viver de verdade: cada graça de seus movimentos me traiu uma delicadeza do seu gosto: e nos seus olhos diferenciei o que neles tão adoravelmente se confunde, luz de razão, calor que melhor alumia... Já a certeza de tantas perfeições bastaria a fazer dobrar, numa adoração perpétua, os joelhos mais rebeldes. Mas sucedeu ainda que, ao passo que a compreendia e que a sua Essência se me manifestava, assim visível e quase tangível, uma influência descia dela sobre mim – uma influência estranha, diferente de todas as influências humanas, e que me dominava com transcendente onipotência.

Como lhe poderei dizer? Monge, fechado na minha cela, comecei a aspirar à santidade, para me harmonizar e merecer a convivência com a Santa a que me votara. Fiz então sobre mim um áspero exame de consciência. Investiguei com inquietação se o meu pensar era condigno da pureza do seu pensar; se no meu gosto não haveria desconcertos que pudessem ferir a disciplina do seu gosto; se a minha idéia da vida era tão alta e séria como aquela que eu pressentira na espiritualidade do seu olhar, do seu sorrir; e se meu coração não se dispersara e enfraquecera de mais para poder palpitar com paralelo vigor junto do seu coração. E tem sido em mim agora um arquejante esforço para subir a uma perfeição idêntica àquela que em si tão submissamente adoro.

De sorte que a minha querida amiga, sem saber, se tornou a minha educadora. E tão dependente fiquei logo desta direção, que já não posso conceber os movimentos do meu ser senão governados por ela e por ela enobrecidos. Perfeitamente sei que tudo o que hoje surge em mim de algum valor, idéia ou sentimento, é obra dessa educação que a sua alma dá à minha, de longe, só com existir e ser compreendida. Se hoje me abandonasse a sua influência - devia antes dizer, como um asceta, a sua Graça – todo eu rolaria para uma inferioridade sem remição. Veja pois como se me tornou necessária e preciosa... E considere que, para exercer esta supremacia salvadora, as suas mãos não tiveram de se impor sobre as minhas – bastou que eu a avistasse de longe, numa festa, resplandecendo. Assim um arbusto silvestre floresce à borda de um fosso, porque lá em cima nos remotos céus fulge um grande sol, que não o vê, não o conhece, e magnanimamente o faz crescer, desabrochar, e dar o seu curto aroma... Por isso o meu amor tinge esse sentimento indescrito e sem nome que a Planta, se tivesse consciência, sentiria pela luz.

E considere ainda que, necessitando de si como da luz, nada lhe rogo, nenhum bem imploro de quem tanto pode e é para mim dona de todo bem. Só desejo que me deixe viver sob essa influência, que, emanando do simples brilho das suas perfeições, tão fácil e docemente opera o meu aperfeiçoamento. Só peco esta permissão caridosa. Veja pois quanto me conservo distante e vago, na esbatida humildade de uma adoração que até receia que o seu murmúrio, um murmúrio de prece, roce o vestido da imagem divina...

Mas se a minha querida amiga por acaso, certa do meu renunciamento a toda a recompensa terrestre, me permitisse desenrolar junto de si, num dia de solidão, a agitada confidência do meu peito, decerto faria um ato de inefável misericórdia – como outrora a Virgem Maria quando animava os seus adoradores, ermitas e santos, descendo numa nuvem e concedendo-lhes um sorriso fugitivo, ou deixando-lhes cair entre as mãos erguidas uma rosa do paraíso. Assim, amanhã, vou passar a tarde com Madame de Jouarre. Não há aí a santidade de uma cela ou de uma ermida, mas quase o seu isolamento: e se a minha querida amiga surgisse, em pleno resplendor, e eu recebesse de si, não direi uma rosa, mas um sorriso, ficaria então radiosamente seguro de que este amor, ou este meu sentimento indescrito e sem nome que vai além do amor, encontra ante seus olhos piedade e permissão para esperar. Fradique
in Eça de Queirós, Cartas D'Amor - O Efêmero Feminino, Garamond, Rio de Janeiro, 2001
.
Imagem: Auto Retrato, Salvador Dali (1954)

terça-feira, 10 de março de 2009

CARTA DE AMOR DE FRIDA KHALO A DIEGO RIVERA

"Diego, mi amor,
no se te olvide que en cuanto acabes el fresco nos juntaremos ya para siempre, sin pleitos ni nada — solamente para querernos mucho.
No te portes mal y haz todo lo que Emmy Lou te diga.
Te adoro mas que nunca, tu niña Frida
(Escríbeme)
"

  • Imagem: Carta escrita antes de 1940

sábado, 7 de março de 2009

  • VOZES DE ATENTAR...
"Posto que sou imperfeito e necessito da tolerância e da bondade dos demais, também tenho de tolerar os defeitos do Mundo até que possa encontrar o segredo que me permita melhorá-los", Mahatma Gandhi

CARTAS DE JORGE LUIS BORGES A ESTELA CANTO
.
Adrogué, sábado.
A pesar de dos noches y de un minucioso día sin verte (casi lloré al doblar ayer por el Parque Lezama), te escri­bo con alguna alegría. Le avisé a tu mamá que tengo admirables noticias; para mí lo son y espero que lo sean pa­ra ti. El lunes hablaremos y tú dirás. Pienso en todo ello y siento una especie de felicidad; luego comprendo que toda felicidad es ilusoria no estando tú a mi lado. Queri­da Estela: hasta el día de hoy he engendrado fantasmas; unos, mis cuentos, quizá me han ayudado a vivir; otros, mis obsesiones, me han dado muerte. A éstas las vence­ré, si me ayudas. Mi tono enfático te hará sonreír; pien­so que lucho por mi honor, por mi vida y (lo que es más) por el amor de Estela Canto. Tuyo con el fervor de siem­pre y con una asombrada valentía,
Georgie.
***
Esta carta no necesita comentarios. Los comentarios es­tán a lo largo de mi relato. Cuando habla de las «buenas noticias» creo que se refiere, como he dicho, al hecho de que iba a ganar más dinero. Considero que esta carta es funda­mental.

in Estela Canto, Borges a Contraluz, Buenos Aires, 1999, p.59

terça-feira, 10 de fevereiro de 2009

domingo, 8 de fevereiro de 2009

  • CARTA DE JORGE LUIS BORGES A ESTELA CANTO (2)

Thursday, about five.

I am in Buenos Aires, I shall see you tonight, I shall see you tomorrow, I know we shall be happy together (happy and drifting an sometimes speechless and most gloriously silly), and already I feel the bodily pang of being separated from you, turn asunder from you, by rivers, by cities, by tufts of grass, by circumstances, by days and nights.


These are, I promise, the last lines I shall allow myself in this strain; I shall abound no longer in self-pity. Dear love, I love you; I wish you all happiness; a vast and complex and closewoven future of happiness lies ahead of us. I am writing like some horrible prose poet; I dont dare to reread this regrettable postcard. Estela, Estela Canto, when you read this I shall be finishing the story I promised you, the first of a long series. Yours,
Georgie.

[Estoy en Buenos Aires, te veré esta noche, te veré ma­ñana, sé que seremos felices juntos (felices, deslizándonos y a veces sin palabras y gloriosamente tontos), y ya siento el dolor corporal de estar separado de ti por ríos, por ciudades, por matas de hierba, por circunstancias, por los días y las noches.

Éstas son, lo prometo, las últimas líneas que me per­mitiré en este sentido; no volveré a entregarme a la pie­dad por mí mismo. Querido amor, te amo; te deseo toda la dicha; un vasto, complejo y entretejido futuro de felicidad yace ante nosotros. Escribo como algún horrible poeta prosista; no me atrevo a releer esta lamentable tar­jeta postal. Estela, Estela Canto, cuando leas esto estaré terminando el cuento que te prometí, el primero de una larga serie. Tuyo.]

Nota de Estela Canto à esta carta (originalmente escrito em inglês e com tradução castelhana dela):
.
. Otra carta que no necesita comentarios. Jamás Borges se ha mostrado más afirmativo, pero al final duda, vuelve, por un instante, a sus «obsesiones».
.
  • Imagen: Buenos Aires a Noite

sexta-feira, 6 de fevereiro de 2009

  • CARTA DE JORGE LUIS BORGES A ESTELA CANTO (i)
«Hoy, viernes 18.
Querida Estela:
No sé cuándo leerás estas líneas, no sé si estás aquí o en el Uruguay. Creo que este año prescindiré de otras va­caciones que las que me tocaron en Adrogué. (Ahí están derribando los eucaliptos para edificar un colegio.) Me abruman las tareas: un prólogo para las Novelas Ejem­plares, otro para el Paradise Lost, otro para un libro de Emerson, un cuento para un libro mío, antológico, que ilustrará Elizabeth Wrede, la lectura (nominal) de cuatro volúmenes para el Premio Nacional de Filosofía, la de otras tantas piezas de teatro para un certamen, la innu­merable redacción de solapas, noticias y contratapas.

Nunca, Estela, me he sentido más cerca de ti; te ima­gino y te pienso continuamente, pero siempre de espal­das o de perfil. Fuera de los Bioy no veo a nadie. Te de­seo mucha felicidad,
Georgie.

Tengo un décimo de lotería para nosotros dos, curiosa multiplicación de la incertidumbre.»

. Nota de Estela Canto à esta carta:

Desde los primeros momentos, esta carta debe ser de di­ciembre 1944, Borges tiende a hacerme participar de su vi­da, de sus preocupaciones, de sus tareas. Pero: ¿por qué siempre me ve «de espaldas o de perfil»? in Estela Canto, Borges a Contraluz

(i) Quem sabe se, oportunamente, não publicarei outras cartas da JL Borges à esta sua Laura (todos os grandes poetas têm uma Laura, ainda que inconfessadas). Se não me esquecer, como – lembrei-me agora – das Cartas de Maria Luiza a Napoleão...

  • Imagem: Dali, Portrait of My Dead Brother, 1963